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LA INDUSTRIA TEXTIL DEBE TRANSFORMAR SU MODELO DE NEGOCIO PARA MEJORAR SU IMAGEN

¿Cómo contribuir al crecimiento sostenible produciendo solo ropa que realmente se usará?

La crisis económica y de salud está imponiendo nuevas reglas a muchas industrias en todo el mundo. Habrá un antes y un después de Covid-19 y la industria de la moda no se ha librado.

Durante los distintos cierres, las marcas se han enfrentado a grandes problemas: la obligación de vender sus productos online (para quienes tienen acceso a este canal de distribución), el exceso de existencias, la pérdida de ingresos, los problemas de pago de los empleados y, sobre todo, la imposibilidad de planificar una respuesta óptima debido a la imprevisibilidad de la crisis sanitaria.

Los ciclos de la moda son, de hecho, poco compatibles con el aumento actual de imprevistos. Esta situación ha creado problemas en todos los ecosistemas de la moda.

Esta industria se ve más afectada que otras. De hecho, incluso en tiempos difíciles, los consumidores siguen siendo muy reactivos a las tendencias, y los artículos no vendidos de una temporada serán difíciles de vender el año siguiente. Los ecosistemas de la moda deben adaptarse a esta nueva normalidad y aceptar una realidad a veces dura: ninguna marca o minorista sacrificará su propia existencia y el trabajo de sus empleados por el bien de los subcontratistas.

La primera preocupación de la industria de la moda es transformarse para adaptarse mejor a esta nueva situación. ¿Es posible diseñar, desarrollar, producir y comercializar únicamente lo que los consumidores realmente comprarán? Y, lo que es aún más pertinente, ¡qué van a usar en realidad! Al mismo tiempo que se adapta a este nuevo campo de juego.

Aunque las cuestiones medioambientales no son realmente una prioridad en este momento, los consumidores están cada vez más preocupados por el origen y la composición de los productos que compran. Esta preocupación por la sostenibilidad es particularmente evidente en el auge del mercado de segunda mano. Esta tendencia es realmente interesante y positiva, pero su alcance sigue siendo limitado. Para lograr un cambio real, debemos transformar la forma en que se producen los nuevos artículos.

Del margen de entrada al margen de salida, un nuevo modelo de negocio

Para enfrentar este desafío, la industria de la moda, como cualquier industria, debe generar ganancias sustanciales. La cuestión clave es dejar de centrarse en el “margen de entrada”, es decir, el margen que potencialmente puede hacer sobre el costo de una prenda que acaba de producirse. En cambio, el enfoque debe estar en el “margen de salida”, que es la diferencia entre el costo de las prendas producidas y el volumen de negocios total logrado al venderlas.

Este “margen de salida” también debe tener en cuenta los cambios legislativos y, en particular, la adopción de la Ley de Economía Circular y Anti-residuos aprobada por el parlamento francés el 30 de enero.

Pionera en este campo, Francia ha ido más lejos que otros países europeos. Para cumplir, la industria textil francesa sin duda tendrá que realizar cambios drásticos. Algunos pueden considerarlos riesgos.

También pueden verse como una oportunidad fantástica para diseñar una nueva generación de cadena de suministro en Francia, basada en estos nuevos requisitos. Con un “soft power” (poder blando) inigualable en el sector textil, como lo demuestra notablemente la robustez de los “KOHLS” durante la crisis. La industria francesa (y europea por extensión) podría utilizar este posicionamiento pionero para ampliar su liderazgo gracias a un modelo de negocio que sería difícil de copiar y generaría un crecimiento sostenible.

Experiencia y tecnología: las claves de la rentabilidad de la producción en series pequeñas en ciclos cortos

En este contexto, la experiencia y la tecnología son los principales impulsores del éxito. Para cumplir con los nuevos requisitos de los clientes, siempre en busca de novedades, ahora es posible y rentable complementar (o incluso reemplazar, a largo plazo) los modelos de suministro existentes con producción en series pequeñas en ciclos de solo unas pocas semanas, aprovechando los datos disponible hoy (cifras de ventas en todos los canales, interacción en redes sociales, etc.). El objetivo es, en última instancia, vender los artículos a “precio completo”, en lugar de producirlos lo más barato posible y fabricar grandes volúmenes de productos que, casi con certeza, terminarán siendo rebajados.

Toda la cadena debe adaptarse a este nuevo contexto. Por tanto, la estrategia basada en ofrecer el precio más bajo se sustituye por un enfoque en una mayor agilidad. 

Para obtener una ventaja competitiva, los fabricantes deberán centrarse cada vez más en su capacidad, gracias a sus herramientas de producción y nuevos servicios avanzados, para procesar más pedidos, tanto más específicos como en volúmenes más pequeños, en plazos más cortos. Para que este nuevo modelo sea viable, muchas marcas pueden elegir proveedores dentro de ecosistemas industriales ubicados más cerca de sus mercados de consumo.

Desde el diseño hasta la producción e incluso la distribución, los subcontratistas deberán cumplir los requisitos de la marca en términos de transparencia y sostenibilidad.

Esto requiere que las empresas tengan una visibilidad de 360° en todas sus operaciones, para que puedan transmitir la información a sus clientes, quienes luego pueden pasarla a los consumidores finales, ahora cada vez más ansiosos por saber si los productos que compran son ambiental y socialmente responsables (sin estar dispuesto a pagar más por ellos). Si bien esto se puede hacer a grandes distancias, generalmente es más fácil de lograr a nivel local, ya que los ecosistemas y la transparencia son en gran medida interdependientes.

Todavía estamos muy lejos de tales niveles de transparencia mutua. La tecnología digital es sin duda una de las claves para conseguir este objetivo ya que asegura la trazabilidad y permite recoger todos los datos del producto a lo largo de la cadena de valor e interconectar los sistemas informáticos de los diferentes actores, lo que siempre supone un reto. Algunos fabricantes ya han realizado las inversiones necesarias para rastrear los materiales utilizados y controlar los procesos de fabricación. Es probable que esta tendencia se acelere drásticamente y la inversión en experiencia y tecnología será una de las claves de esta transformación.

Sin duda, la crisis económica dejará huella. También es una oportunidad fantástica para invertir en tecnología digital con el fin de desarrollar, en Europa, ecosistemas sostenibles que son difíciles de copiar: una oportunidad única para que las marcas renueven su imagen contribuyendo significativamente a construir un crecimiento sostenible y a salir adelante esta crisis sin precedentes.

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